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miércoles, 7 de mayo de 2014

MI PRIMERA NOVELA , PRIMER CAPITULO

AMIGOS les dejo el primer capítulo de mi novela , ambientada en Rancagua del año 2010 días después del terremoto, donde un par de amigos por casualidad encuentran un documento histórico, que los llevará a una aventura que no se imaginan y con fuertes repercusiones para la ciudad de Rancagua. Esta novela contiene muchos datos históricos verídicos sobre la ciudad y su historia, mezcladas con ficción. Ustedes ya me conocen, soy muy riguroso en datos históricos y siempre tengo el dato sabroso sobre personajes de Chile. Les pido lean el primer capítulo, me den su opinión, y al final del capítulo encontraran los datos necesarios para, si quieres, comprar la novela entera .

La Novela se llama : Las Banderas perdidas de Rancagua, y se basa en un hecho histórico cuyo resumen puedes encontrar en este link  http://www.tell.cl/magazine/12466/rancagua/abril/2014/columnas/las-banderas-de-rancagua.html .

Bueno, sin más rodeos, aquí va el primer capítulo:
I.- La Noche del Angel Caído

27 de febrero de 2010


Rancagua estaba sin luz eléctrica en su mayor parte, la antigua e histórica ciudad había sido azotada nuevamente por un terremoto. Eran ya casi las 4 de la madrugada de ese fatídico día, el terremoto más fuerte que recordara aquel joven profesor de historia, había sacudido la ciudad casi media hora atrás, y aún en penumbras, alumbrado sólo con velas, en su departamento en el tercer piso ubicado en la esquina de Cuevas con Alcazar, buscaba alguna vía de comunicación con sus padres que vivían en el sector sur de la ciudad, a escasas 11 cuadras , pero su celular, si bien tenía señal, no podía generar llamadas, el sistema estaba colapsado, después aprendería que en momentos así lo mejor era enviar mensajes de texto. Su red de internet no funcionaba, su compañía que les prestaba el servicio no tenía baterías, por lo tanto no funcionaba sin energía, con el tiempo supo de una compañía que si usaba baterías que en caso de emergencias duraban hasta 2 horas con entera independencia. Pero esa noche no tenía electricidad.
Orlando González, tenía unos 37 años, de tez blanca, un metro setenta y dos de altura, contextura normal y canas en su cabello, producto de su carga genética escocesa, no había estudiado historia, sino leyes, pero su afán por aprender del pasado, lo llevó a aprender más de historia que de leyes, y hacía unos 3 años que dictaba clases de historia en un instituto de la ciudad. De chico había sentido el terremoto de 1985 y lo recordaba muy bien, por ello sabía que este terremoto era mucho más fuerte que el de ese año. El movimiento lo había pillado recién entrando en el sueño, en su cama sufriendo el calor de los días del fin de verano, en su departamento estaba también su amigo, 4 años menor, con quien compartía el departamento, habían visto hasta el último minuto de la transmisión del Festival de Viña del Mar, y sabiendo que venía la retransmisión del concierto de Arjona, del que no eran fanáticos, se habían ido a dormir. Una vez finalizado el terremoto, Orlando se había acercado a la ventana que daba a la calle Cuevas y sólo pudo ver una nube de polvo que cubría la vista de la Iglesia de la Merced, uno de los edificios más antiguos de la ciudad, cuando su vista se acostumbró a la oscuridad y ayudado por la luz que la luna llena entregaba como un regalo divino esa noche, pudo ver que la Iglesia había sufrido bastante, aún estaba en pie, pero uno de los pilotes que soportaba el peso de la iglesia había caído hacia la calle y los pocos peatones que caminaban, la mayoría jóvenes que  desde las discos y pubs del centro de la ciudad trataban de ir a sus casas, le hacían el quite a los restos del pilote.
Orlando y su amigo Eduardo estaban sentados mirando la nada, buscando una respuesta a todo, observando si su propio edificio tenía grietas, habían abierto la puerta del departamento y conversaron con los vecinos para saber si estaban bien, compartieron velas con aquellos que no tenían, y estaban decidiendo que hacer, cuando los pilló una réplica, no muy fuerte, pero en esos momentos cualquier movimiento es peligroso y no se sabe como va a evolucionar. Pasado el susto, Orlando observó su celular, intentó llamar a sus padres una vez más, y no pudo comunicarse con ellos. Eduardo en tanto, se mantenía con preocupación por su propia familia, quienes vivían en una casa de adobe antigua arrendada en la localidad de Lo Miranda, su celular también estaba colapsado. Eduardo era moreno, 176 centímetros de altura, usaba lentes ópticos, de contextura normal, y era amigo de Orlando de hace más de 10 años, y si bien no tenía estudios superiores, tenía una capacidad para aprender impactante, y sobre todo, era una persona muy simpática y con buena llegada entre las personas, era lo que las abuelas llamaban “ entrador”. ambos amigos estaban sólo pensando y compartiendo ideas sobre el movimiento telúrico.
El polvo en el ambiente era denso, se podía observar como caía lentamente gracias a la luz que proyectaba la luna llena.  Se sintieron sirenas en la calle y Orlando se asomó nuevamente a la ventana que daba a calle Cuevas, eran carabineros y bomberos que llegaban a poner orden entre los transeúntes, para protegerlos del peligro del derrumbe de la Iglesia de la Merced. Orlando sabiendo que estaba en un momento histórico agarró su cámara y le dijo a su amigo que lo acompañara. Iba a aprovechar de fotografiar o grabar los daños del centro de la ciudad. Cerraron el departamento y bajaron a la plaza que estaba situada dentro del complejo de departamentos donde vivían, en el mismo sector donde por más de 100 años existió un mercado de abastos. Allí observó a algunos vecinos con heridas leves y mucho susto, quienes preferían estar a la intemperie que dentro de sus hogares. Se acercó a la reja que daba a la calle Cuevas y cuando quiso usar su llave se dio cuenta de que ya estaba abierta, a grandes trancos ambos amigos cruzaron la verja y se adentraron a la calle, llena de personas que como zombies caminaban, tratando de entender lo que había pasado. Se acercaron a carabineros que ya estaban rodeando los restos del pilote de la Iglesia de la Merced, comenzó a fotografiar el trabajo de estos, mientras Eduardo le ayudaba a buscar los mejores tiros de cámara y le ayudaba con ideas de que fotos tomar. Sacaron fotos del derrumbe del pilote, de cómo carabineros comenzaba a cerrar la calle tanto para autos como para peatones, y agradeció estar dentro del cerco policial y poder estar más cerca de lo que pasaba, por último en cualquier caso, si le pedían retirarse mentiría diciendo que eran reporteros.
Su cámara no era de buena marca, pero tenía excelente resolución, con ella bastaba para inmortalizar el momento, revisó su reloj de pulsera, eran las 4:20 de la madrugada. Eduardo le tocó la espalda y le dijo: oye weón vamos a ver que están haciendo los bomberos,-  quienes estaban en  la entrada de la Iglesia de la Merced por calle Estado. Caminaron con cuidado hasta la entrada principal del Templo donde estaban los bomberos, uno de ellos al verlos con cámara le preguntó : ¿ son ustedes periodistas?- Orlando no dudó un segundo, y le respondió afirmativamente, suponiendo que podía ayudar en algo o bien entendiendo rápidamente que diciendo que eran periodistas podrían entrar a la Iglesia.
 - espérenme aquí- les dijo el bombero, mientras corría hasta otro voluntario a quien al parecer varios le reconocían rango y autoridad sobre el resto. Mientras pasaba esto, aprovechó de tomar una foto a la fachada del templo que había sido restaurado unos pocos años antes. Eduardo contemplaba hacia los alrededores de la plazuela de la Merced buscando otra situación digna de ser fotografiada en ese momento tan triste, cuando de repente la luz eléctrica volvió al centro de la ciudad, y los ojos de todos se fijaron en la catedral de la ciudad distante a una cuadra del Templo de la Merced y vieron que le faltaba su fachada superior. Con la luz las grietas de ambas Iglesias se hicieron más patentes y definitivas.
Y así de repente sonó el celular de Orlando, era una llamada entrante de sus padres, la tomó de inmediato y por esa vía se enteró que estaban bien, sin luz, asustados, pero bien, que unas grietas se habían asomado en la muralla del frente de la casa, pero nada más, Orlando les prometió que iría a verlos en cuanto se desocupara de ayudar a los bomberos en alguna acción que no quiso detallar a sus padres. Sabía que su madre era hipertensa y su carácter era demasiado asustadizo para entrar en más detalles de la situación donde se encontraba.
Se acercó a ellos el bombero de más alto rango del grupo de la cuarta compañía que había llegado al templo, era un caballero de unos 40 años, de contextura gruesa, con lentes ópticos , que no vestía el uniforme, pero si su casco; y les dijo:
- Buenas noches, necesito de su ayuda en estos momentos, ninguno de mis hombres recogió la cámara  y vamos a entrar a la Iglesia de la Merced a revisar si existen daños estructurales graves, y necesitamos que alguien grabe, nos podrían ayudar?-
- Por supuesto,- dijo Eduardo,- nosotros vamos detrás de ustedes, filmando todo su actuar. Ustedes nos dicen que hacer, por donde ir, y nosotros vamos detrás filmando lo que hagan, no se preocupen.
- perfecto, síganme entonces- les ordenó el bombero y se dirigió a la entrada al Convento de la Merced, situado junto a la Iglesia,  entraron por la puerta de dos hojas de madera añosa, caminaron el trayecto que separaba ambos juegos de puertas, que no debe medir más de dos metros, en silencio, observando las grietas en la pared, sintiendo como el polvo caía sobre sus cabezas,  en la segunda puerta los esperaba una señora en bata, quien le dijo que iría a buscar las llaves de la Iglesia. Al lado de la Iglesia de la Merced estaba la entrada al Convento y a las oficinas parroquiales, la primera de las puertas daba acceso a un pequeño hall donde se encontraba una placa histórica conmemorativa y un ventanal que daba acceso a las oficinas, la segunda de las puertas daba acceso al patio del Convento y las oficinas que unían a este con el Templo. Justo allí estaban los bomberos y los amigos esperando la vuelta de la señora.
Parado a la entrada del Convento, Orlando recordó los detalles históricos del Templo, sabía que en 1756 ya se había comenzado a construir un templo, no era de la  magnitud del actual, pero ya contaba con piezas para internos y un pequeño salón donde se reunían los feligreses. Existían documentos que fechaban la construcción definitiva del actual templo en 1780 y según otros en 1765, desde esa fecha había permanecido en pie, resistiendo el paso del tiempo y de los terremotos, hasta el actual. Sabía que la imagen del altar era una pequeña virgen , y que en el inicio del Altar se encontraban 2 ángeles policromados de madera cuyos colores estaban envejecidos, recordó que para el terremoto de 1985 el templo tuvo ciertos daños, en menor escalas que los que ahora veía, y que hace pocos años, debió arreglarse el extremo del frontis del Templo en su sector sur que daba a calle Cuevas, pues la lluvias reblandecieron la construcción y estuvo a punto de caer sobre la calle. Ahora esa parte también estaba dañada. La orden de la Merced era uno de los 4 edificios religiosos de la ciudad que databan de la colonia, y la cuadra completa que circunscribía las calles Estado, Cuevas, Alcazar y Mujica les pertenecían a los mercedarios desde antes de 1748, y aún hoy permanecía casi intacta, ya que la cuadra completa comprendía la Iglesia , el Convento y una serie de edificios menores que la orden mercedaria arrendaba a negocios pequeños, sólo la esquina de Mujica con Estado pertenecía a particulares desde el siglo 19. Desde el patio del Convento no se apreciaba la torre, la famosa torre donde Bernardo O`higgins había izado la bandera negra durante la batalla de 1814 que la historia y el tiempo recuerda como el desastre de Rancagua. Así que se adentro un poco al patio y desde allí si pudo mirar la torre de madera, pintada de blanco con sus ventanas, por las cuales O´higgins miraba el desarrollo de la batalla en ese octubre lejano. El ruido de la cuidadora que salía de las habitaciones del Convento lo sacó de su ensimismamiento.
Allí Orlando comenzó a grabar el interior del Convento, con su patio rodeado de viejas construcciones de madera, observó que los murallones del mismo estaban agrietadas y Eduardo le golpeó el hombro y le dirigió la vista a las grietas del cuerpo central de la Iglesia. Una réplica pequeña soltó polvo y nubló la visión de la cámara, en el aire se escuchaban ulular de sirenas, algunos lamentos. La mujer volvió vestida con un pantalón gris y una polera, y traía en sus manos el manojo de llaves.
- perdón si me demoré, pero las llaves se habían caído y me costó encontrarlas- se excusó.
Caminaron hacia la puerta lateral de la Iglesia que era de vidrio adornada con el símbolo mercedario, sólo venían ella, el bombero jefe, 2 voluntarios más y los dos amigos, el resto de los bomberos estaba trabajando en la plazoleta de la Iglesia, y algunos de ellos habían ido a reforzar el trabajo que voluntarios de la primera compañía estaban haciendo en la catedral de la ciudad.
Al girar las llaves y abrir la puerta una nube de polvo les golpeó la cara a todos, el bombero jefe tosió y se tapó la boca, miró a Eduardo, le ordenó que comenzaran a grabar  y se dirigió a la cámara:
- estamos listos reporteros?- preguntó el Jefe
- listos, déle no más. Contestó Eduardo.
- Soy Simón Palominos, a cargo de la misión de entrar al Tempo de Merced. En estos momentos estamos entrando a la Iglesia de la Merced, son las 4:26 am, hace ya casi una hora que un terremoto afectó a nuestro país, me acompañan la cuidadora del templo, los voluntarios Arriola y Lobos, más 2 periodistas, quienes están tras la cámara. Como pueden ver esta todo lleno de polvo, hay maderos sueltos en el piso, restos de cristales, avanzaremos por el centro de la bóveda. Arriola ilumine hacia el sector del coro,- ordenó, diligentemente el voluntario dirigió el haz de luz hacía el coro que daba a la entrada principal de la Iglesia dando a calle Estado- hay vidrios rotos y se observan serias grietas en el muro, al parecer hay daños estructurales graves, no hemos prendido las luces por que no sabemos si existe fuga de gas en el sector o si podríamos provocar un corto circuito. El púlpito de madera está desarmado en su totalidad, en estos momentos está literalmente colgando del muro donde estaba empotrado. Nos alumbra una lámpara de mano que la voluntaria Lobos afirma-
Eduardo recién se dio cuenta que no eran 2 bomberos, era un bombero y una bombera, o como se llamara, mientras caminaba lentamente detrás de Orlando tratando de ser útil.
- quedó pa la cagá la iglesia. Dijo Eduardo
- habla más bajo, queremos que se escuche la voz del jefe de bomberos. - le señaló Orlando.
La imagen que Orlando grababa dejaba patente la fuerza del terremoto, así como la fragilidad de aquel templo de más de 200 años de construcción. Parecía que de un momento a otro todo iba a caer sobre ellos, algunas tablas crujían aún , las bancas estaban llenas de escombros y no pocas estaban rotas, cuando filmaban hacia el altar, la cuidadora dio un grito de espanto
- La virgen no está- gritó y se persignó
- Arriola ilumine hacia el altar- ordenó el bombero Palominos, ni siquiera el jefe estaba seguro de quien portaba la luz. Arriola diligentemente dirigió la mano de Lobos y con la lámpara iluminó hacia donde estaba el altar vacío, la imagen de la Virgen había caído al suelo.
- Caminamos hacia el altar en estos momentos- relataba el bombero jefe- vemos graves daños en algunos cuadros, imágenes caídas, y la figura de un ángel en el suelo desmontado de su base.
Orlando recordó esas imágenes de los 2 ángeles que se encontraban en las esquinas del Altar de la Iglesia, de madera policromada , unidos a un pedestal de madera también, de un color celeste que en algún momento perdió su esplendor, ellos eran algo así como los custodios del Altar y en los últimos años, se les habían agregado unos focos y cables para poder ser enchufados y darle luz al altar. Eduardo no entendió porqué la cuidadora del templo sufría más por la imagen de la Virgen y no así por el ángel, se imaginó que quizás la señora unía la idea del ángel caído con Satanás, pero prefirió guardarse sus ideas.
El jefe de bomberos se adentró al Altar y le ordenó a Orlando y a Eduardo quedarse junto al ángel caído, mientras ellos trataban de llegar hacia la base del altar, claro que la cuidadora fue más rápida que los bomberos y llegó antes que ellos hasta la imagen de la Virgen. A decir verdad, la cuidadora saltó entre los escombros para llegar a la imagen caída.
Mientras revisaban los muros del Altar y la cuidadora recogía con devoción la imagen, Eduardo observó la base del ángel caído, y se acercó , algo llamaba su atención. Allí en el interior de la base de madera, rodeado de telarañas y polvo se encontraba un sobre amarillento y viejo, lacrado con un símbolo que Eduardo no conocía. Le hizo un gesto a Orlando para que mirara la base, y este sin mover la cámara que filmaba a los bomberos miró de reojo la base y el sobre. Sin dudarlo, le ordenó a su amigo tomarlo con mucho cuidado y esconderlo bajo sus ropas.
Con cara de pregunta Eduardo sólo atino a obedecer a su amigo, sus más de 10 años de amistad lo habían llevado a confiar en Orlando, sabía que las decisiones que tomaba eran casi siempre las correctas, y entendió que ese no era el momento para entrar a dudar sobre la conveniencia de la decisión, así que observó a los bomberos, y lentamente, amparado por la oscuridad del recinto, se acercó a la base y tomó el sobre, ocultándolo con mucho cuidado dentro de su cortavientos, con la misma suavidad que la cuidadora ocupaba en mecer a la Virgen caída.
Orlando sabía que nadie de los presentes salvo él podría cuidar aquel sobre lacrado, entendió que la cuidadora lo dejaría abandonado en alguna oficina y nadie sabría lo que contendría, los bomberos sólo tomarían nota del sobre y se lo devolverían a la cuidadora, perdiendo de nuevo el sobre. Sólo él, estaba en ese momento histórico, en la situación justa, frente a un sobre que había estado oculto quizás por cuantos años en la base de un ángel, dentro de una de las iglesias más antiguas de Rancagua. Este era el descubrimiento suyo y de su amigo, lo guardaría muy bien, trataría de revisar el interior del sobre , y que una vez terminada la locura del remezón lo devolvería al Templo , o quizás se lo entregaría a la Directora del Museo Regional, personaje que si entendería su actuar y comprendería su afán histórico en un momento tan trágico para el país.
- Ya señores, hemos terminado- dijo el jefe de bomberos, - salgamos de aquí antes de que esto se nos caiga encima. Todos obedecieron y la cuidadora llevaba la imagen de la Virgen en sus brazos como si fuera un bebé de horas de nacido, nadie se preocupó del ángel caído, ni de la base abierta. Una vez afuera el bombero jefe se despidió de los 2 amigos, y les pidió que se acercaran a la Cuarta Compañía de Bomberos en cuanto amaneciera y le hicieran llegar una copia de la filmación. Así lo acordaron y Orlando y Eduardo caminaron por calle Estado hacia la plaza para fotografiar la Catedral cuyo frontispicio había caído hacia la calle , dejando ver las murallas de adobe del interior y las ramas de totora que los cubrían. La mole del frontispicio estaba frente a la puerta de entrada de la Catedral y había hundido con su peso parte del pavimento.
De vuelta en el departamento, Orlando prendió su notebook y puso la tarjeta de memoria en el receptáculo, estaba decidido a entregar una copia al bombero jefe lo más pronto posible. Mientras el aparato reconocía la tarjeta, recordó el sobre, que ya Eduardo contemplaba en la mesa del comedor.
- Este sello te es conocido ?- le preguntó a Orlando, éste acercándose a mirarlo, lo puso a la luz más potente que encontró y sintió una emoción en su corazón, un cosquilleo en su cuerpo que le presentía que estaba frente a una pieza histórica única, y hasta ahora desconocida, se le secó la garganta y como pudo logró balbucear algo que ni él entendió. Las palabras se atropellaron antes de salir de su boca y lo que salió fue un choque de vocales sin coherencia.
- Qué dijiste?- preguntó Eduardo.
- Weón, este es el sello con el que Bernardo O´higgins lacraba su correo, esta es una carta lacrada del mismísimo Bernardo O´higgins…
- me estay?- le dijo Eduardo.
- No, lo que te digo es verdad, es una carta de Bernardo O´higgins , weón la media suerte, nadie debe conocer de la existencia de esta carta.
- weón si saben que la tomamos nos van a matar …
- Nah ¡ esperemos que todo esto pase, hagamos la copia del video a los bomberos y mañana vemos que hacemos con la carta.- dijo Orlando.
- Pero como vas a esperar hasta mañana, este es un sobre histórico, tenís que abrirlo con cuidado y ver lo que contiene.
- Ahora no, estoy demasiado nervioso y las réplicas me tienen asustado, mañana con menos polvo en el ambiente, más luz natural y más tranquilos lo abrimos.
- Tiene un destinatario esta carta- dijo Eduardo- en el anverso dice: “ a la muy noble y leal ciudad de Rancagua”.
- Siempre quise estar en un momento así, y ahora no me atrevo a hacer nada, el mote de la muy noble y leal ciudad fue dado por O´higgins a la ciudad de Rancagua en 1818, por lo que te puedo asegurar que esa carta o lo que sea que contenga el sobre, debe ser de esa fecha o de una posterior, te prometo que me comen las manos por abrir ese sobre, pero estamos demasiado emocionados y podríamos dañarla, no sé abrir carta lacradas sin dañar el sobre o su contenido, además no sabemos si vendrá otra réplica fuerte, por ahora guardémosla.
- En cualquier caso, si la abrimos no haremos nada malo, dice dirigida a la ciudad de Rancagua, y tu y yo somos parte de la ciudad de Rancagua- le dijo Eduardo.
- bien dicho… ya, guardala en la caja fuerte, hagamos esta copia ahora, vamos a ver a mis padres y tratamos de ubicar a los tuyos. Ya Mañana revisaremos la carta.
- eris bien raro weón, tenís la media pieza de historia en tus manos y no la queris abrir.
- es que con la réplicas podemos estropear todo, estamos nerviosos, hay que ir a ver a nuestras familias, hazme caso, te prometo que mañana, cuando toda esta wea esté más tranquilo la abrimos, y salimos de dudas.
- que tanto, si no va a venir otra réplica fuerte….
Una fuerte réplica comenzó a sentirse y la luz eléctrica volvió a irse dejando todo a oscuras.



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